domingo, 8 de diciembre de 2013

De Villa O´Higgins a El Chaltén: días intensos y sentimientos encontrados.

Los 8 jinetes del apocalipsis ciclista: de derecha a izquierda Daigo, Jerry, Jaione, Jesús, Franck, yo, Loic y abajo Franz.

Estos somos los viajeros que hemos ido coincidiendo durante el recorrido por la carretera austral.
Coincidimos todos juntos en Villa O'Higgins, todos a la vez para coger el barco que cruza el lago O'Higgins miércoles ó sábado, (en este caso el miércoles 4). Aquí va lo que viví el 4, 5 y 6 junto a estos aventureros.
El barco sale a las 8:30 pero el puerto está a 7 km del pueblo así que madrugamos y tras el desayuno nos ponemos en marcha a las 7 en punto, no conviene llegar tarde ya que hasta el sábado no hay otro barco. Hace un día francamente bonito y el frescor mañanero hace despertar de inmediato los sentidos. La pista va alejándose del pueblo a través de unas praderas, dentro de un enorme valle rodeado de cerros cargados de nieve y glaciares colgantes. Según pasamos el puente sobre el río Mosco la pista se acerca al lago y el espectáculo se amplifica. El bosque con su intenso verde y su aroma nos rodea, a la izquierda el lago con su color verde turquesa nos apabulla y el sol asomando sobre los glaciares, dando pinceladas de color y de calor nos deja sin habla. Llegamos al embarcadero y allí ya esta Franck, enseguida llegan Loic, Franz y Daigo. Empezamos a embarcar las bicis y cuando estamos todos preparados aparece Jerry, no le gusta madrugar y se ha quedado a dormir cerca del embarcadero. Un poco más tarde aparece el bus de la compañía del barco en el que viene un grupo franco-canadiense organizado haciendo un tour y 4 trekkers que, como nosotros los ciclistas, se han conocido por el camino.
Los pedaleantes compartimos charlas, risas y anécdotas, hay muy buen ambiente a pesar de que sabemos que el barco que debería cruzarnos en Lago del Desierto no ópera y otros ciclistas nos han prevenido del horrible sendero que nos espera, una pareja de franceses, chicos jóvenes y deportistas, han tardado 20 horas en superarlo. Entramos en el interior y nos sentamos juntos, nosotros 3 vamos a hacer la excursión que realiza el barco hasta el glaciar O'Higgins, en el extremo noroeste del Campo de Hielo Sur, los demás se quedan en Candelario Mancilla y emprenden el camino hasta la frontera. Nos despedimos de ellos esperando volver a verlos en El Chalten en un par de días y seguimos en el barco hacia el glaciar. Las 3 horas de travesía por el brazo oeste del lago son malas, el viento es fuerte y el barco se balancea mucho y salir afuera es helarse con el vendaval y el agua que se levanta, pero todo vale la pena porque la hora que pasamos a 300 metros del glaciar es espectacular, precioso, no se puede describir. 8 km de frente y entre 60 y 90 metros de alto. Encima el cielo azul y el lago turquesa.
De vuelta en Candelario Mancilla confirmamos los caballos para el día siguiente y plantamos la tienda en el mismo sitio que 4 años antes, increíble volver a pasar por semejante lugar. Por la mañana Ricardo recoge nuestro equipaje y nosotros pedaleamos por la pedregosa pista en busca de la laguna redonda, donde por fin pieza la bajada. Ésta transcurre por un sinuoso sendero lleno de raíces primero, luego piedras, diversos troncos a modo de puentes y finalmente un pantanal. El descenso del sendero sin las alforjas es una pasada, saltos, ramas... Descenso técnico en un sendero de La Paragonia, lo pienso y todavía me sale una sonrisa. 
Nos plantamos en la frontera, al pie del lago y tras realizar el trámite aduanero le insistimos al gendarme acerca de la posibilidad de cruzarnos el lago en su barcaza pero nos da un no rotundo, la lancha no se puede mover si orden directa de superior. Los chicos salieron temprano por el sendero, nos comentan los gendarmes y ya son las 11 y los caballos no aparecen. Queremos salir cuanto antes para intentar avanzar en el dichoso sendero pero sin las cosas no hay otra cosa que esperar. Más tarde nos daríamos cuenta de que el retraso ha sido nuestra "salvación". Aparece el grupo organizado y ellos también esperan por los caballos. El guía del grupo los reúne justo detrás de nosotros y habla con el gendarme acerca del traslado de su equipaje en la lancha, este asiente y les comunica que esta todo listo, se gira hacia nosotros y Jesús, rápido como una centella, le dice: nosotros también no? El gendarme confirma así que nos ha tocado la lotería. Aparecen los caballos 3 horas después, cargamos todo en la barca y salimos al filo de las 15 horas. Por delante 14 km de sendero junto al lago, con el Fitz Roy de fondo y sin nada de peso. Enseguida el sendero se vuelve tortuoso, a ratos malo y a ratos horrible para ir cargando bici y equipaje así que enseguida nos acordamos de los compañeros ciclistas y de lo mucho que habrán sufrido. A las 16 alcanzamos al Japonés, esta exhausto, realiza porteos subiendo la bici primero y luego los bultos pero se tambalea y sus finas piernas vacilan ante las resbaladizas cuestas. Cogemos sus cosas entre los 3 y continuamos pero, ya con sólo una mochila,  difícilmente nos logra seguir así que lo hacemos beber y le damos una aspirina plus, en un rato ya tiene otra cara (y eso que es japonés!!) y ya anda a nuestro ritmo. Un poco más adelante encontramos a Loic y a Jerry, cogemos algo más y seguimos como podemos. Ahora todos estamos cargados y la cosa cambia, es un sendero difícil para la bici, para nada ciclable y con mucho desnivel. Alcanzamos a Franck y a Franz y decidimos tirar hasta el final, dejar lo que llevamos y volver a ayudar a los demás. Al filo de las 19 todos hemos llegado y nos abrazamos y felicitamos por haber superado con éxito y en el día esta pesadilla, a punto del Apocalipsis ciclista. Recuperamos nuestras bicis y nos reunimos en un camping, un multicultural y variopinto grupo de ciclistas, con muy buena sintonía. Una cena bajo un espectacular glaciar, un poco de charla y al saco que el día ha sido duro. 
A la mañana siguiente, tras desayunar, nos hacemos una foto y nos despedimos, nosotros queremos llegar cuento antes para intentar enlazar con las Torres del Paine. 
Una vez en El Chalten, por cierto, El Chalten era un antiguo refugio de montañeros aguerridos donde sólo los más duros logran coronar sus difíciles cumbres: Cerro Torre, Fitz Roy, Poincenot, Egger o Saint Exupery evocan grandes gestas del montañismo. Lo dicho, una vez en el pueblo se nos une Loic y juntos degustamos un buen bife argentino. Mientras comemos vamos saludando al resto de compañeros que van pasando junto a nosotros. Nos volvemos a despedir, esta vez intercambiando emails y deseándonos buena suerte en nuestras aventuras donde y cuando quiera que sean. 
Ahora estamos en El Calafate, a punto de partir en unas horas hacia las Torres del Paine  para poner una espectacular guinda a esta magnífica experiencia que comenzó allá por el 27 de septiembre en Bolivia. Tan sólo quedan 5 horas de bus, hasta las Torres, las últimas 5 horas rumbo al sur.

3 comentarios:

  1. Querido hermano, querid@s amig@s y aguerrid@s aventurer@s, cuántos paisajes, cuántas experiencias, cuántos sentimientos, cuántas vivencias,.... Sigan disfrutando de ese sur que se acaba al par que las palabras para expresar esas vivencias. Cuídense mucho, los necesitamos aquí para transmitirnos a los simples mortales de a pie que somos todo ese inmenso bagaje cultural y deportivo?, no, creo que va más allá del mero deporte. Besos. Rosi.

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  2. Rosi no te andes con lindezas con esta panda. Estos lo que son es una panda de cabritos que se dedica a joderme la tarde a base de fotazos y vivencias intensas. Jeje, no les digo que disfruten porque sé perfectamente que lo están haciendo, y además sin descanso, como no puede ser de otra forma. Se les echa de menos y me alegra muchísimo ver que están llenando esos días de sonrisas y de experiencias. Espero verlos para darles un abrazo.

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  3. Qué bonita historia de naturaleza, aventura y solidaridad.
    Estoy seguro que han pasado a formar parte de los recuerdos de la vidad de esos chicos. Qué gran recompensa!!!
    Ánimo!
    César

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