martes, 17 de diciembre de 2013

Torres del Paine: espectacular final

los cuernos y las torres asomando al fondo

Hace muchos años leí un libro que describía los mejores y más bonitos trekkings del mundo, Everest, Vancouver...y entre ellos estaba el de las Torres del Paine. Desde entonces, hace ya 20 años, lo tenía en la lista de pendientes y aunque estuve en 2009 sólo fue un pequeño aperitivo comparado con lo visto esta vez. 
Nos plantamos allí y sin dudarlo salimos a hacer la O, o lo que es lo mismo, la vuelta completa al parque. Las espectaculares vistas de Las Torres, el Valle Francés, los Cuernos, los lagos y bosques y en particular el lago Dickson y el campo de hielo me dejaron maravillado. Pero aún quedaba por ver lo mejor, tras el paso John Garner se abrió un paisaje increíble, la vista del campo de hielo sur y de la lengua del glaciar Grey bajo mis pies es de lo más espectacular que he visto. Kilómetros y kilómetros de hielos hasta donde alcanza la vista y nadie alrededor. El descenso del paso John Garner es uno de los más peligrosos que he visto, una bajada llena de escalones y bastante empinada que, debido a que tienes el glaciar siempre delante, resulta difícil quitar de él la vista y mirar a los escalones para no perder los dientes jejeje. Un magnífico espectáculo que sirve de colofón a una gran experiencia, casi 3 meses de aventuras.
Guanaco
Los 2 últimos días en el Paine hicimos migas con 3 vascos y 2 ingleses y a la vuelta a Puerto Natales, lugar de salida y llegada a el Paine, quedamos para cenar todos juntos. Camino del restaurante nos encontramos con Jerry, que estaba en una agencia gestionando su regreso a Nueva York.
 Dentro de la pequeña oficina nos dimos un abrazo como si de un viejo amigo que no veía desde hace años se tratara. Tras unas risas y una larga charla nos despedimos recordándonos la visita que ambos acordamos hacernos y seguimos cada uno nuestro camino. Jerry tenía planeado recorrer durante dos días las Torres del Paine para luego continuar hasta Usuahia, pero desde El Chaltén el viento no "negocia con terroristas" y se muestra implacable con el ciclista así que va a disfrutar más de las Torres y luego se vuelve a casa. Bien lo sé, recuerdo el 2009 y lo duro que fue luchar contra el viento,  que te enfría y te desgasta como sólo él sabe.
La cena con los compis del Paine fue muy interesante y didáctica, diferentes opiniones, oficios y maneras de entender la vida siempre deparan nuevas ideas y sobre todo el aprendizaje a costa, claro está, de las experiencias de los demás.

cordillera paine desde Dickson

Después de tantos paisaje contemplados, tantos km recorridos, haber pasado frío, calor (poquito), lluvia o nieve, me quedo con las experiencias vividas y los amigos que he conocido. 

cuernos desde el puente del campamento italiano

Escribo éstas últimas líneas desde el aeropuerto de Buenos Aires, mientras espero a que llegue la hora de embarcar hacia casa y quería agradecer sinceramente todos los que nos han seguido por este blog, a todos los que nos han ayudado y animado a seguir con sus conentarios en el blog, o por correo electrónico o por el "guasap" porque aunque no lo crean animaban a seguir viviendo aventuras "rumbo al sur".  Espero que hayan podido vivir de alguna manera este viaje a través de mis relatos y que no les haya sido demasiado tostón el rollo este del pesao que se va de vacaciones y encima da tanto la lata.
Ya rondan en la cabeza nuevos y diversos proyectos, alguno que sospechó que va a hacer menguar la lista de pendientes que mencione antes, pero no será a través de este blog ya que una cosa es segura, el próximo no tendrá rumbo sur.
Muchas gracias.

el paso John Garner

campo de hielo desde el Paso John Garner



domingo, 8 de diciembre de 2013

De Villa O´Higgins a El Chaltén: días intensos y sentimientos encontrados.

Los 8 jinetes del apocalipsis ciclista: de derecha a izquierda Daigo, Jerry, Jaione, Jesús, Franck, yo, Loic y abajo Franz.

Estos somos los viajeros que hemos ido coincidiendo durante el recorrido por la carretera austral.
Coincidimos todos juntos en Villa O'Higgins, todos a la vez para coger el barco que cruza el lago O'Higgins miércoles ó sábado, (en este caso el miércoles 4). Aquí va lo que viví el 4, 5 y 6 junto a estos aventureros.
El barco sale a las 8:30 pero el puerto está a 7 km del pueblo así que madrugamos y tras el desayuno nos ponemos en marcha a las 7 en punto, no conviene llegar tarde ya que hasta el sábado no hay otro barco. Hace un día francamente bonito y el frescor mañanero hace despertar de inmediato los sentidos. La pista va alejándose del pueblo a través de unas praderas, dentro de un enorme valle rodeado de cerros cargados de nieve y glaciares colgantes. Según pasamos el puente sobre el río Mosco la pista se acerca al lago y el espectáculo se amplifica. El bosque con su intenso verde y su aroma nos rodea, a la izquierda el lago con su color verde turquesa nos apabulla y el sol asomando sobre los glaciares, dando pinceladas de color y de calor nos deja sin habla. Llegamos al embarcadero y allí ya esta Franck, enseguida llegan Loic, Franz y Daigo. Empezamos a embarcar las bicis y cuando estamos todos preparados aparece Jerry, no le gusta madrugar y se ha quedado a dormir cerca del embarcadero. Un poco más tarde aparece el bus de la compañía del barco en el que viene un grupo franco-canadiense organizado haciendo un tour y 4 trekkers que, como nosotros los ciclistas, se han conocido por el camino.
Los pedaleantes compartimos charlas, risas y anécdotas, hay muy buen ambiente a pesar de que sabemos que el barco que debería cruzarnos en Lago del Desierto no ópera y otros ciclistas nos han prevenido del horrible sendero que nos espera, una pareja de franceses, chicos jóvenes y deportistas, han tardado 20 horas en superarlo. Entramos en el interior y nos sentamos juntos, nosotros 3 vamos a hacer la excursión que realiza el barco hasta el glaciar O'Higgins, en el extremo noroeste del Campo de Hielo Sur, los demás se quedan en Candelario Mancilla y emprenden el camino hasta la frontera. Nos despedimos de ellos esperando volver a verlos en El Chalten en un par de días y seguimos en el barco hacia el glaciar. Las 3 horas de travesía por el brazo oeste del lago son malas, el viento es fuerte y el barco se balancea mucho y salir afuera es helarse con el vendaval y el agua que se levanta, pero todo vale la pena porque la hora que pasamos a 300 metros del glaciar es espectacular, precioso, no se puede describir. 8 km de frente y entre 60 y 90 metros de alto. Encima el cielo azul y el lago turquesa.
De vuelta en Candelario Mancilla confirmamos los caballos para el día siguiente y plantamos la tienda en el mismo sitio que 4 años antes, increíble volver a pasar por semejante lugar. Por la mañana Ricardo recoge nuestro equipaje y nosotros pedaleamos por la pedregosa pista en busca de la laguna redonda, donde por fin pieza la bajada. Ésta transcurre por un sinuoso sendero lleno de raíces primero, luego piedras, diversos troncos a modo de puentes y finalmente un pantanal. El descenso del sendero sin las alforjas es una pasada, saltos, ramas... Descenso técnico en un sendero de La Paragonia, lo pienso y todavía me sale una sonrisa. 
Nos plantamos en la frontera, al pie del lago y tras realizar el trámite aduanero le insistimos al gendarme acerca de la posibilidad de cruzarnos el lago en su barcaza pero nos da un no rotundo, la lancha no se puede mover si orden directa de superior. Los chicos salieron temprano por el sendero, nos comentan los gendarmes y ya son las 11 y los caballos no aparecen. Queremos salir cuanto antes para intentar avanzar en el dichoso sendero pero sin las cosas no hay otra cosa que esperar. Más tarde nos daríamos cuenta de que el retraso ha sido nuestra "salvación". Aparece el grupo organizado y ellos también esperan por los caballos. El guía del grupo los reúne justo detrás de nosotros y habla con el gendarme acerca del traslado de su equipaje en la lancha, este asiente y les comunica que esta todo listo, se gira hacia nosotros y Jesús, rápido como una centella, le dice: nosotros también no? El gendarme confirma así que nos ha tocado la lotería. Aparecen los caballos 3 horas después, cargamos todo en la barca y salimos al filo de las 15 horas. Por delante 14 km de sendero junto al lago, con el Fitz Roy de fondo y sin nada de peso. Enseguida el sendero se vuelve tortuoso, a ratos malo y a ratos horrible para ir cargando bici y equipaje así que enseguida nos acordamos de los compañeros ciclistas y de lo mucho que habrán sufrido. A las 16 alcanzamos al Japonés, esta exhausto, realiza porteos subiendo la bici primero y luego los bultos pero se tambalea y sus finas piernas vacilan ante las resbaladizas cuestas. Cogemos sus cosas entre los 3 y continuamos pero, ya con sólo una mochila,  difícilmente nos logra seguir así que lo hacemos beber y le damos una aspirina plus, en un rato ya tiene otra cara (y eso que es japonés!!) y ya anda a nuestro ritmo. Un poco más adelante encontramos a Loic y a Jerry, cogemos algo más y seguimos como podemos. Ahora todos estamos cargados y la cosa cambia, es un sendero difícil para la bici, para nada ciclable y con mucho desnivel. Alcanzamos a Franck y a Franz y decidimos tirar hasta el final, dejar lo que llevamos y volver a ayudar a los demás. Al filo de las 19 todos hemos llegado y nos abrazamos y felicitamos por haber superado con éxito y en el día esta pesadilla, a punto del Apocalipsis ciclista. Recuperamos nuestras bicis y nos reunimos en un camping, un multicultural y variopinto grupo de ciclistas, con muy buena sintonía. Una cena bajo un espectacular glaciar, un poco de charla y al saco que el día ha sido duro. 
A la mañana siguiente, tras desayunar, nos hacemos una foto y nos despedimos, nosotros queremos llegar cuento antes para intentar enlazar con las Torres del Paine. 
Una vez en El Chalten, por cierto, El Chalten era un antiguo refugio de montañeros aguerridos donde sólo los más duros logran coronar sus difíciles cumbres: Cerro Torre, Fitz Roy, Poincenot, Egger o Saint Exupery evocan grandes gestas del montañismo. Lo dicho, una vez en el pueblo se nos une Loic y juntos degustamos un buen bife argentino. Mientras comemos vamos saludando al resto de compañeros que van pasando junto a nosotros. Nos volvemos a despedir, esta vez intercambiando emails y deseándonos buena suerte en nuestras aventuras donde y cuando quiera que sean. 
Ahora estamos en El Calafate, a punto de partir en unas horas hacia las Torres del Paine  para poner una espectacular guinda a esta magnífica experiencia que comenzó allá por el 27 de septiembre en Bolivia. Tan sólo quedan 5 horas de bus, hasta las Torres, las últimas 5 horas rumbo al sur.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Fotos, fotos y más fotos

Estamos en El Calafate y aprovechando la conexión les dejo unas fotos de los días en la carretera Austral.

Atardecer en el pacífico, cerca de Caleta Gonzalo
Enormes Arrayanes en el Parque Pumalin

El Perla Negra 

Desayunando
Villa Cerro Castillo
Camino de Puyuhapi
El lago General Carrera
La Catedral de Mármol
la carretera austral en todo su explendor
the love boat
glaciares del campo de hielo sur

Cerro torre desde el Lago del Desierto

martes, 3 de diciembre de 2013

Villa O´Higgins y el final de la ruta en bici.

Estamos en Villa O´Higgins, el final de la Carretera Austral. Mañana cogemos un barco para cruzar un lago que nos lleva hasta Candelario Mancilla y desde allí por un angosto sendero hasta el Lago del Desierto, ya en Argentina, así que nos quedan como 40 km de bici para terminar en el Chaltén, supongo que con un buen asado argentino para celebrar que acabamos enteros. Luego iremos a caminar a las Torres del Paine, pero eso será otra historia jejeje.
Los días antes de llegar a Coiahique fueron malos, mucha lluvia y viento frío pero desde que llegamos nos acompañó el buen tiempo durante una semana completa, un verdadero record aquí en la carretera austral. Nos quedamos en un albergue en Coiahique, La Salamandra, muy acogedor y verdaderamente bonito donde Mari Paz y Mario nos atendieron estupendamente. Desde allí salimos con un tremendo cielo azul que nos acompañaría por un perfecto asfalto hasta la Villa de Cerro Castillo, unos 110 km con una larguísima subida y una corta y fuerte bajada. No se como nos las arreglamos pero siempre son muchos km de subida y pocos de bajada, en fin, la patagonia que le dicen... Nos cruzamos con un Taiwanes, lo más simpático que he visto durante el viaje, muchas risas y muchos chao chao jajaja. Había ido desde Santiago hasta Usuhaia y estaba volviendo a Santiago. En Villa Cerro Castillo, un atardecer espectacular, ya que el pueblo está rodeado de impresionantes montañas con grandes crestas heladas y glaciares colgantes, un verdadero espectáculo para la vista.
A la mañana siguiente vuelta al ripio pero por un valle precioso, montañas a ambos lados, el río que nos acompañaba y al fondo vistas al Campo de Hielo San Valentín. La vegetación se vuelve a convertir en muy frondosa y volvemos a coincidir con los compañeros ciclistas que vamos viendo por el camino y vuelven a aparecer numerosos lagos en la ruta, alimentados por los hielos eternos que jalonan la ruta. A veces me vienen a la cabeza paisajes de hace un mes y es todo tan diferente, que variedad de paisajes, desiertos, salares, lagunas y ahora bosques, ríos y mucho hielo. Pasamos por pintorescos pueblos como Puyuhapi, La Junta, Puerto Río Tranquilo donde cogimos un barco para ver las Catedrales de Mármol y así poco a poco nos volvemos a encontrar con Cochrane, 4 años después.
Por el camino han ido apareciendo algunas dificultades añadidas, Jesús tiene la llanta rajada y la apañamos con unas bridas, a ver cuanto aguanta. Jaione tiene algunos problemas en una rodilla y se apaña también con una rodillera de juguete, a ver cuanto aguanta. Y yo tengo el plato mediano desgastado, así que voy jugando con el pequeño y el grande, escapando.
Desde Cochrane nos dirigimos a la tan nombrada y famosa Caleta Tortel, hace 4 años nos la nombraron mucho y este año mucha gente nos ha dicho que no nos la podíamos perder, así que esta vez kilometrada que te pego para ver el "maravilloso" pueblo. Se trata de un pueblo costero, situado en el final de un pequeño fiordo, cuyo encanto deriva de las pasarelas de madera que conectan las casas, sobre pilares en la costa o por las laderas. A nosotros no nos pareció nada especial, lo vimos descuidado, sin casi servicios, eso sí, nos comimos un salmón que estaba muy rico. Allí nos volvió a alcanzar la lluvia y el frío, cada vez que hemos tocado costa en la carretera austral nos ha pillado la lluvia y el mal tiempo. Salimos pitando al día siguiente en dirección a Puerto Yungay, donde hay que cruzar un fiordo en una barcaza. En la espera de la barcaza coincidimos con Jerry y con el alemán, como no sabemos el nombre de éste último y dado el carácter nuestro es fácil entender por qué ahora los llamamos Tom y Jerry jejeje. Al cruzar en la barcaza con un tiempo horrible y tras un bocadillo de "pansito" digamos que espeso salimos en dirección a Villa O´Higgins, 112km nos esperan pero el tiempo no mejora y ya son las 14:00 horas. Sobre las 17:30 vemos el lugar donde acampamos hace 4 años, pensamos en acampar en el mismo sitio pero jaione ya había saltado una valla y había ido a ver una cabaña a unos cientos de metros. Tenía una plancha suelta en la ventana y vimos la oportunidad de dormir secos así que revisamos la cabaña, una especie de establo pero sin utilizar, estaba bastante limpio así que tras desencajar facilmente una puerta nos instalamos y pasamos una noche seca a pesar de que afuera llovía y venteaba con fuerza. A la mañana siguiente había nevado y el cerro que habíamos pasado la tarde anterior estaba totalmente blanco, hacía frío y nevaba levemente pero estaba un poco mejor el tiempo, por lo menos no llovía y se podía observar el paisaje. Hicimos los 58 km en un día extraño, con frío y calor a la vez, un paisaje espectacular aderezado con el blanco de la nieve de la noche anterior y de la que caía finamente mientras avanzávamos con el viento a favor. Muchas cascadas se precipitaban hasta la pista y las gotas que salpicaban se convertían en copos de nieve, un verdadero espectáculo. Había algún que otro claro y el juego de luces hacía todo más bonito aún y tras un largo rodeo de un lago, cuando ves el pueblo pero parece que no llega nunca, por fin tras una curva apareció Villa O´Higgins, el último pueblo de la Carretera Austral, entre grandes montañas y glaciares, apenas a 30 km del campo de hielo sur.
Mañana temprano cogemos el barco que nos cruza y hemos pagado el extra por ir a ver el Campo de Hielo Sur, la segunda vez que paso por aquí no voy a dejarlo pasar de nuevo. El jueves intentaremos llegar a El Chaltén, intentaremos porque el barco del Lago del Desierto no opera y estamos intentando gestionar el cruce con un pescador, si no toca hacer 14 km por un sendero en el que la gente que nos hemos encontrado en sentido contrario ha tardado 20 horas, nos han dicho que fatal, con la bici y el peso un infierno vamos. En fin, esto es Patagonia y como dice un dicho patagón: En  la Patagonia el que tiene prisa pierde el tiempo.
Espero que desde el Chaltén pueda publicar por fin algunas fotos y poder contar con un poco más de calma porque las conexiones de internet por aquí no permiten mucho más.
Ya estamos a punto de terminar la ruta en bici y luego iremos a por el premio de recorrer las Torres del Paine, pero para ello tendremos que continuar rumbo al sur.

jueves, 21 de noviembre de 2013

La Carretera Austral: naturaleza salvaje en estado puro.

Hace días ya que salimos de Puerto Montt y hasta ahora, casi 400 km después conseguimos wifi. La Carretera Austral es pura naturaleza, con densos bosques que casi parecen más una selva, además la humedad es..., digamos que latente jejeje. Vas por la ruta y a cada curva, después de un nuevo repecho, o de una bajada ves un lugar espectacular: una curva de ese río color turquesa con el bosque y las montañas neveras al fondo, o un glaciar que precipita montaña abajo. Simplemente sin palabras para describir la magnitud que tiene todo aquí, bueno si, se me ocurren dos: Pura Vida!!.
En esto del pedalear diario andamos coincidiendo con un francés que salió de casa y llego a Japón, de ahí voló a Canadá y cuando llegue a Ushuaia seguirá por África, mucho valor afrontar sólo esa aventura, nos ha caído bien, nos ha parecido buen tipo. Y va acompañado durante estos días de un simpático americano, de Nueva York, que también disfruta de esto de darle a los pedales por lugares remotos y fríos porque, vaya frío que hace por estos lares. La cercanía de la Antártida se nota y a medida que bajamos hacia el sur la temperatura se acerca más a cero. Hace tiempo ya que no subimos de 13 ó 14 y por la noche la cosa baja de cero rápidamente. Con tanto frío la mejor sensación es cuando, sobre las 9 de la tarde (porque aquí la noche empieza sobre las 9:45/10) y con un frío que pela te metes en el saco de dormir y te da por dar un grito, no se por que pero se mete uno en la cama fría y le da por gritar, y empiezas a entrar en calor rápidamente. Que a gusto se duerme en el saco de dormir!!! En algunos tramos de la Carretera Austral hay que coger transbordadores, de momento llevamos 3, dos pequeños de 40 minutos y uno de 4 horas a través de un largo fiordo donde, en un día espléndido, pudimos disfrutar de unas espectaculares vistas y de algún que otro delfín y leones marinos que buscaban su almuerzo. 
La ruta va serpenteando por el bosque a través angostos valles y con continuos desniveles, no es que sea extremadamente dura pero hay tramos de ripio que terminan hartando, encima están empezando las obras para asfaltar toda la ruta y algún tramo esta hecho un desastre. Creo que cuando este asfaltada, en 3 años o así según dicen, será mucho más cómoda pero perderá un poco el espíritu de salvaje, un aura un poco mística que se acrecienta aún más si cabe con los cielos plomizos que normalmente acompañan nuestras pedaladas. Como pasa por ejemplo con los Annapurnas en Nepal, donde también construyen una carretera, nos empeñamos en civilizar tanto este mundo que cualquier día de estos nos vamos a encontrar con que lo único salvaje que nos queda serán los recuerdos. Es una suerte poder disfrutar de estas maravillas y encima no me canso de decir que verlo desde el sillín nos hace sentirlo todo mucho más intenso, como el aire te hiela la cara cuando coges una bajada, o el olor a madera húmeda al atravesar el bosque, o el agua que te espabila al pasar cerca de una cascada....
Nos encontramos cerca de Coihaique ya, acercándonos a Cochrane, donde acabamos la ruta hace 4 años y donde nos acordaremos de los amigos con los que compartimos aquella fría aventura. Dos de aquel curioso grupo repetimos, pero esta vez se ha unido un componente femenino desde Puerto Montt. Pasamos de ser el duo dinámico a el trío calavera jejeje. La gente sigue siendo muy amable y ahora, debido al componente femenino, un poco más si cabe así que lo utilizaremos a nuestro favor en caso de necesidad en nuestras aventuras y desventuras frioleras en tanto que avanzamos lentamente, como siempre por esta vez, rumbo al sur.

martes, 12 de noviembre de 2013

De vuelta en Chile, objetivo la Ruta Austral.

Finalizada la ruta de los Siete Lagos decidimos ir a Villa la Angostura para intentar cruzar a Chile por  el paso de la Laguna Fría pero nuestro gozo en un pozo, se ha convertido en una ruta turística en la que hay que contratar barcos y micros para enlazar los lagos con las pistas, nada más y nada menos que a cambio de 300 €. Cambiamos de planes sobre la marcha, buscamos alojamiento en Villa la Angostura y nos preparamos para cruzar la frontera por el paso del Cardenal Samoré. En lugar de salir al día siguiente nos dedicamos a ver como llueve sobre el terreno del camping desde una habitación en la que nos instalamos dado el panorama meteorológico que se nos presenta. Se pasa todo el día lloviendo pero nosotros siempre positivos vemos un claro y ya intuimos la mejoría. Tras una noche de incesante lluvia repetimos alojamiento, salimos a pasear y a matar el tiempo por Villa Angostura pero el paseo con 11 grados y lluvia no es del todo apacible así que terminamos refugiados en el súper buscando entretenimiento culinario. A la mañana siguiente, tras otra noche de perros, amanece un poco mejor, con claros que permiten ver las nieves caídas en los cerros cercanos. Decidimos probar fortuna y preparamos todo para salir, desayunamos con energía pues nos quedan 42 km y casi 600 metros de desnivel, aunque suponemos que la subida será suave. Salimos con energías renovadas y buen ritmo pero enseguida empieza a llover y el frío amenaza con quedarse. El camino transcurre por bosques de pinos, numerosos ríos y grandes montañas que intuimos entre las nubes. Alcanzamos los 1050 metros de altura cuando llevamos 15 km de subida suave, así que a pesar de la lluvia seguimos con ánimo hasta que bajamos súbitamente hasta los 650 metros, donde se encuentra el control aduanero de salida de Argentina. Tras el papeleo fronterizo nos apresuramos a salir en un momento en que la lluvia nos da una tregua y empezamos a subir por empinadas rampas bajo una intensa y fría lluvia que nos va calando poco a poco sin darnos cuenta. Llegando al paso incluso el granizo nos viene a ver, ya a 1300 metros de altura la temperatura se acerca a cero y la niebla nos atrapa. El paso internacional Cardenal Antonio Samoré, llamado así en honor al cardenal que puso fin al litigio fronterizo entre Argentina y Chile por donde poner la raya, es tan sólo una recta de unos 30 metros con los avisos de salida y entrada de los mencionados países, (buen viaje de uno, bienvenido del otro) y enseguida comienza una bajada que nos hace recordar la dureza patagónica, bajada con lluvia y mucho mucho frío. La subida nos ha dejado calados y la bajada nos ha enfriado de verdad. Una vez en el control de entrada chileno, tras el papeleo se pasa a la revisión de equipaje para comprobar que no se entra al país ningún producto vegetal o animal sin cocer, revisan todos los equipajes y mientras nos comemos los plátanos y el jamón ahumado uno de los policías le trae un café a Jesús, el pobre tiritaba muchísimo, y nos atendía muy amablemente haciendo que nos saltáramos la cola y termináramos los trámites rápidamente. Salimos corriendo hasta la cafetería del complejo fronterizo y allí nos plantamos delante de la calefacción. En ese momento, con un café caliente (puajjj, no había otra cosa) devoramos una tableta de chocolate como si lleváramos una semana sin comer, asimilando lo que para mi ha sido el día más duro del viaje hasta ahora. La lluvia no es amiga del viajero en bici y con tanto frío menos aún. Tras el atracón salimos hacia un camping pero terminamos refugiados en una cabaña con estufa, siguió el diluvio hasta las 9 am del día siguiente, cuando, como si alguien le diera a un botón y quitara las nubes, el tiempo se abrió y nos dejo un espectacular día para disfrutar del frondoso bosque chileno, de las vistas a los volcanes Puyehue y Osorno así como de los numerosísimos lagos que plagan la región. Realmente un día espectacular que culminamos regalándonos un bife de lomo que según nuestro criterio experto nos habíamos ganado el día anterior. Acampamos en un camping en Entrelagos donde disfrutamos de un espectacular atardecer mientras asimilábamos con atención el relato de Alfonso, dueño del camping, de como en 1960 perdió a su familia en un terremoto de grado 9, y de como se hacían olas en los prados y se venían abajo los cerros. Realmente encontramos en muchos rincones de "nuestra" ruta personajes increíbles que te hacen ver la vida (y a veces sentirla) de otra manera. A la mañana siguiente antes de las 8 ya había pescado 4 salmones en el lago!! Estuvimos a punto de decirle que nos quedábamos otra noche para ver si nos invitaba. Salimos pronto con buenas perspectivas, camino de La Cascada, carretera secundaria con algún tramo de ripio y vistas a varios lagos y al Volcán Osorno, una belleza puntiaguda de 2600 metros que lo dominaba todo. Noche en el bosque junto al lago y de nuevo viene a vernos nuestra amiga la lluvia, hasta las 10 llueve con fuerza y luego nos deja ir secos hasta Ensenada, donde nos vuelve a avisar. Viéndole las orejas al lobo conseguimos refugio junto al Lago Llanquihue, en el Parque Nacional Vicente P. Rosales, ducha caliente (ya tocaba) y secado de tienda, ropa y casi hasta del alma... Nos dirigimos a Puerto Montt, donde comienza la Ruta Austral, y se volverá más austera la ruta, más pura la aventura, con menos civilización y más naturaleza salvaje. Dónde? Siguiendo con nuestro Rumbo sur.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Vacaciones en la Ruta de los 7 Lagos

Después de la lluvia llego el buen tiempo, y vaya que si ha estado bueno! 
Antes de seguir quería agradecer los comentarios y los ánimos recibidos a través del blog, motivan a seguir volando por esta patagonia así como a seguir contándolo por aquí, espero que por lo menos les entretenga un rato y los traiga un poco "acá" con nosotros.
Como iba diciendo salimos de San Martín de los Andes acompañados del frescor de la mañana en un día verdaderamente radiante. La ruta recorre una inmensa zona boscosa llena de ríos y lagos de aguas cristalinas y grandes truchas. Dado que la previsión daba buen tiempo decidimos tomarnos unas vacaciones y recorrer los 110 km que tiene la ruta con la calma y el disfrute que semejante lugar requiere, así que compramos víveres y nos preparamos para vivir durante tres días en el bosque. A pesar de ello, de detenernos en los lagos e incluso de bañarnos en uno de ellos ante la sorpresa de los lugareños, (el agua esta fría de c...), el primer día llegamos hasta el lago Falkner a 50 km de San Martín, con lo que en el primer día de "vacaciones" ya habíamos hecho casi la mitad.
 Natación en el lago Hermoso
Hemos coincidido en la ruta con un jubilado canadiense que quiere dar la vuelta al mundo, de momento lleva 2 años y medio desde que salió de su casa en el norte, cuando llegue a Tierra del Fuego volará a Australia. Su familia lo visita de vez en cuando y nos contó que un amigo le paga una noche de hotel a la semana, es una buena idea, hemos pensado que a nosotros con una al mes nos basta así que dejo el número de cuenta para los posibles interesados jajaja. También con una pareja de argentinos que hicieron esta ruta en camioneta el año pasado y vieron a ciclistas haciéndola, a raíz de ahí tomaron la decisión de cambiar un poco su vida, dejaron de  fumar, compraron bicis, sacos de dormir y tienda y empezaron a hacer pequeños viajes en bici. Aquí están por una semana disfrutando de esta nueva experiencia. Saben una cosa que tenemos en común con el canadiense y los argentinos? Pues el menú ciclista por supuesto!! Pasta con atún.
En la ruta de los siete lagos, hemos dormido cada noche junto a un lago, la primera en San Martín, junto al Lácar, la segunda en el Lago Falken (tras el baño en el lago Hermoso) y la tercera en el lago Espejo. Han sido noches tranquilas, con el sonido del lago de banda sonora, un sonido suave, apenas perceptible pero que te va relajando y, cuando te das cuenta ya estás dormido.
El día a día que llevamos normalmente de viaje es el siguiente: nos despertamos sobre las 6:25 ó 6:30 más o menos, empieza a estar claro y como nos acostamos pronto pues se abre el ojo sólo. Aquí personalmente disfruto mucho un ratito desde que me despierto hasta que me levanto, siento el frío que hace fuera del saco, escucho a los pájaros alborotados con el nuevo día, o simplemente recuerdo lo vivido los días anteriores. Sobre las 7 salgo del saco y a ve estires de ciclista toca, eso si, abrigado. Este es el momento más frío del día, me pongo el culotte, la malla, camiseta, polar y plumas así como gorro y alguna vez incluso guantes. Una vez fuera de la tienda toca empaquetar todo en las alforjas y preparar el desayuno, a veces té con galletas o a veces con pan y mermelada, dependiendo de los suministros disponibles. A partir de ahora toca cola-cao que acabo de comprar!! Jesús toma café que encontró con un poco de azúcar ya mezclado. Una vez que hemos desayunado recogemos el hornillo y las tazas y por último desmontamos la tienda. Si ha hecho frío la diferencia de temperatura del exterior con el interior hace que nuestra respiración condense un poco de humedad en el interior del doble techo así que dejamos la tienda siempre para el final y así la recogemos seca. Salimos sobre las 8 u 8:30 (algún que otro día hemos arrancado a las 9) y en función de lo dura que sea la etapa sobre las 10:30-11:00 hacemos una pausa para una manzana, galleta o lo que se tercie. Sobre la una paramos a por el almuerzo, puede ser bocadillo, ensalada de arroz o pasta hec a la noche anterior o unas galletas saladas y un trocito de queso como en el día de ayer (fue lo único que encontramos). Tras el "megaalmuerzo" seguimos algunas horas más hasta encontrar un lugar idóneo para poner la tienda, generalmente sobre las 5:30 más o menos, desempaquetamos todo otra vez y una vez montada la tienda y puesha la ropa de abrigo nos dedicamos a hacer fotos, pasear, hablar con la gente (si es que hay alguien) o simplemente revisar el mapa o descansar. Luego toca cena y después de fregar nos disparamos al saco ya que generalmente hace una rasca de la buena. Salvo que llueva dejamos las puertas de la tienda abierta, sólo cerramos mosquitera, así con abrir un ojo tenemos las estrellas a la vista.
 Amanecer junto al Lácar
De momento es relativamente fácil conseguir wifi con lo que puedo escribir aquí desde el móvil y subo las fotos cuando encontramos un ciber, ya todas las entradas tienen fotos salvo esta, que tendrá las correspondientes con sus lagos y bosques cuando consigamos un "computador" un poco más adelante, un poco más rumbo al sur.